Una subida del 10% del precio de la energía que se sostuviera durante un año se traduciría en un aumento de la inflación de cuatro décimas, mientras que restaría entre una y dos décimas al crecimiento, según ha advertido este viernes la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, teniendo en cuenta lo ocurrido en experiencias anteriores.