La Agencia Internacional de la Energía (AIE) considera que el apagón del pasado 28 de abril en la Península Ibérica demuestra que la seguridad eléctrica depende no solo de la generación, sino también de la calidad de la operación de la red y del comportamiento de todos los activos conectados, ya que el incidente se desencadenó por «una rápida sucesión de fallos técnicos», incluyendo la desconexión errónea de generadores, a pesar de que los niveles de tensión aún no habían superado los umbrales establecidos.